KHIVA

Fueron bastantes meses de pensar e imaginar cómo sería este viaje a Uzbekistan y nuestro recorrido por la Ruta de la Seda. Por fin ha llegado el momento de experimentarlo y vivirlo. Subimos al avión con la ilusión a flor de piel ansiando ya conocer ese destino tantas veces imaginado; aunque siete horas de vuelo producen un cierto cansancio.

Amanece cuando llegamos a Urgenth. Recogida de maletas, bastante lenta por cierto, trámite de pasaportes y traslado al hotel. En el trayecto conocemos a nuestro guía; nos acompañará durante todo el viaje.

El hotel está situado en Khiva. Desayunamos. Después, trámites del checking. Tenemos un breve espacio de tiempo para deshacer las maletas, asearnos y cambiarnos de ropa; no hay tiempo para más. A las 11,15 salimos hacia el centro histórico de Khiva.

Khiva es una pequeña ciudad casi perdida en el desierto; 2500 años de historia la contemplan. El barro y el adobe es el material constructivo más importante de la ciudad. Impresiona el maravilloso conjunto amurallado de Ichan Qala, auténtico museo al aire libre. Madrazas, minaretes, mezquitas… se suceden sin solución de continuidad.

La puerta principal de la muralla da paso a una calle en la que se alza, impresionante, el minarete Kalta Minor. El kan Mohamed Amin Khan quiso que fuera el más alto del mundo islámico, pero murió antes de su finalización y quedó inacabado. El mismo kan mandó construir una madraza al lado del minarete; al igual que el minarete, lleva también su nombre. Es la más grande de Khiva; llegó a albergar más de 250 estudiantes. Hoy es un hotel.

Madrazas y minaretes aparecen unos detrás de las otras. Particularmente interesante es el conjunto de Islom Khodja. este minarete es el más alto de Khiva

En el complejo arquitectónico Tash Hovli, el harén, visitamos el patio y las habitaciones de las concubinas. Este palacio fue construido por orden de Allakuli Khan. Alberga una madraza y un caravanserai. Cerca está el mausoleo de Pakhlavan Makhmud.

Terminamos la jornada subiendo al bastión de Oq Sheykh Bobo. Desde aquí se domina toda la ciudad de Khiva; las vistas son magníficas. Después cenamos en un restaurante típico dentro de la ciudad amurallada. Quedamos encantados y gratamente sorprendidos de nuestra visita a Khiva. Ha sido un día muy completo.

BUKHARA

Por la mañana del día siguiente salimos en dirección a Bukhara. Carreteras deficientes y tráfico caótico hacen que el tiempo de viaje se alargue y resulte cansado. Varias paradas técnicas y una más larga para comer en medio del desierto que vamos atravesando. A última hora llegamos a nuestro destino.

Bukhara es uno de los grandes hitos en la Ruta de la Seda. Parece que el origen de su nombre está en «bujarak» que significa lugar de la Fortuna.

Hoy el día está repleto de actividades y lugares para visitar por eso salimos pronto del hotel. La primera parada, mezquita de Bolo-Khauz. Una doble fila de columnas altas y esbeltas dan forma al pórtico; el interior es reducido, pero ricamente decorado. La mandó construir el Emir Shakhmurad para la oración de los viernes. A su lado hay un pequeño minarete y un estanque, que dio el nombre al conjunto.

Cerca se encuentra el Mausoleo de los Sasánidas hasta el que nos desplazamos dando un pequeño paseo. Fue construido entre los siglos IX y X como tumba del emir Ismail Samani. En el están también enterrados algunos miembros de su familia y otros emires de la dinastía. Casi al lado encontramos otro mausoleo, el de Chasmai Ayub conocido como la fuente y manantial sagrado del santo Job.

En bus llegamos al complejo de Poi Kalon que incluye el minarete Kalon, del siglo XII, la mezquita Poi-Kalon y la Madraza Miri Arab; esta sigue funcionando como escuela coránica.

En esta misma zona se encuentran los mercados de las cúpulas. Son tres, Toki-Sarrofon, Telpak Furushon y Toki-Zargaron. Son espacios abovedados; dentro de ellos se organizan una serie de galerías para el comercio y talleres de artesanía.

Por la tarde, ya a la caída del sol, nos acercamos a la Ciudadela Ark. Fue residencia bien fortificada de los emires de Bukhara. Está situada en una zona levemente elevada desde la que se domina toda la ciudad; constituye su monumento arquitectónico y arqueológico más antiguo. Tiene una superficie considerable; en ella se trabaja en la búsqueda y reconstrucción de estructuras destruidas. La altura permite unas buena vistas panorámicas de la ciudad y su entorno.

Por la noche, retornamos a Poi Kalon para disfrutar del atractivo espectáculo de mezquita, madraza y minarete profusamente iluminados.

Por la mañana del día 10 visitamos el Palacio de Verano de los Emires de Bukhara; ha sufrido a lo largo de la historia destrucciones y reconstrucciones varias. La última reconstrucción es de los años veinte del siglo pasado con retoques posteriores al final de la época soviética. Hoy sus habitaciones albergan espacios museísticos. A su lado hay una pequeña mezquita de madera; parece de juguete.

Nos desplazamos ahora hasta el complejo Lyabi Hauz. Es un espacio con un lago y parque centrales, alrededor se sitúan las madrazas Kukeldash y Nodir Devon Begi.

Un breve paseo por el diminuto barrio judío y exhibición de marionetas en un taller próximo antes de comer. Después, viaje de cinco horas hasta Samarcanda donde llegamos ya anochecido.

SAMARCANDA

La historia de Samarcanda se remonta a miles de años atrás. Fue uno de los enclaves más importantes en la Ruta de la Seda y un centro destacado de comercio, cultura y aprendizaje en Asia Central. El siglo XIV es uno de los períodos de mayor esplendor. Es esta la época del Gran Tamerlán; convirtió Samarcanda en un centro cultural y arquitectónico de gran nivel, marcado por la construcción de monumentos y estructuras impresionantes.

A lo largo de los siglos, Samarcanda fue un centro vital de intercambio cultural y comercial entre Asia y Europa, contribuyendo así a la difusión de la ciencia, el arte y la filosofía entre distintas civilizaciones. Pese a haber sufrido muchas trasformaciones y cambios, desde la conquista de los mongoles hasta el dominio soviético, ha conservado su importancia cultural y patrimonial.

La primera visita que realizamos es el mausoleo Guri Emir (siglos XIV y XV), la tumba de Tamerlan y su familia. Amir Timur creó un imperio con capital en Samarcanda; es el fundador de la dinastía de los Timúridas.

La Plaza Registán es el núcleo de la ciudad; una auténtica maravilla. Desde un balconcillo elevado se abre ante nosotros un amplio espacio rodeado por tres grandes y extraordinarias madrazas. Ulugbek a la izquierda, Shir Dor a la derecha y, de frente, Tilla Kori. Las portadas de las madrazas están orientadas hacia el centro del espacio. Son un auténtico monumento de la arquitectura oriental.

Tras la comida, regresamos al hotel para descansar. Por la tarde volvemos a la Plaza Registan. Asistimos al espectáculo de luz y sonido. Es media hora de color y música, una auténtica borrachera de colores; luces rojas, amarillas, verdes turquesas… con sus infinitos matices son proyectadas sobre las fachadas de las madrasas arrancando de los azulejos que las recubren un número indefinido de tonos y reflejos distintos. Quedamos encantados con el espectáculo y regresamos al hotel todavía palpitando la emoción luminosa en nuestros ojos.

En el siglo XV, el astrónomo Ulugh Bek construyó un observatorio en Samarcanda que era uno de los más avanzados de su época, con instrumentos de precisión y una comprensión sorprendente de la astronomía que superaba a su tiempo. Ulug Bek, nieto de Tamerlan y gobernador de Samarcanda fue un astrónomo eminente; el catálogo de estrellas que elaboró no fue conocido por los astrónomos de occidente hasta mediado el siglo XVII.

Desde aquí nos desplazamos hasta la antigua fábrica de papel. Lo obtenían a partir de la corteza de los árboles de morera. Recorremos todo el complejo y sus instalaciones; nos explican el complicado y detallado proceso que se sigue hasta conseguir el papel. Hay un museo-exposición con diversos objetos hechos en papel.

Nuestra estancia en Samarcanda finaliza con la visita al complejo funerario de Shakhi Zinda (siglos IX-XV). Entre su multitud de tumbas con panteones funerarios extraordinarios se encuentra la de Qusam Ibn Abbas, primo de Mahoma; fue quien llevó el islam a Asia Central. Está bien conservado y es muy visitado. Desde aquí, después de comer, nos trasladamos a Taskhent donde llegamos ya de noche tras seis horas de viaje.

TASHKENT

Es la ciudad más grande de Uzbekistan con una población de más de dos millones y medio de habitantes. Nuestra estancia en Tashkent la iniciamos en la parte moderna de la ciudad con la visita al Monumento al Terremoto. Tuvo lugar el 26 de abril de 1966. Quiere evocar el espíritu de lucha y resistencia de las personas.

De camino al centro histórico de Tashkent vemos desde el exterior el palacio del Gran Duque Nikolai Romanov, construido a final del siglo XIX.

Seguimos hasta «Tashkent City» donde visitamos el teatro «Flying Uzbekistan» que nos permite una «visita» a vista d pájaro del país.

El complejo arquitectónico Khasti Iman se construye entre los siglos XVI y XVII. Incluye dos madrazas, Barak Kan y Kafal Shohi; una mezquita, Tilla Sheykh y un museo, el del Corán de Osman (siglo VII). El Corán de Osman es una reliquia única y sagrada; en sus páginas se conservan las manchas de sangre del Califa Osmán.

El Bazar Chorsu es un mercado inmenso. Tiene un interés especial porque representa un tipo de comercio oriental. Bajo su gran cúpula se puede encontrar de todo: frutas, verduras, carnes, dulces, pan… Tiene fama por la elaboración de un pan excelente; no lo probamos, pero sí observamos el ajetreo de multitud de panaderías trabajando a la vista de todo el público. Nos extraña bastante cómo tienen los puestos de carne; desde nuestro punto de vista echamos de menos más higiene, limpieza y forma adecuada de conservación.

Hemos llegado al final de nuestro viaje a Uzbekistan. Mañana nos espera un largo trayecto hasta Torrelavega. Pero podemos decir que hemos disfrutado y conocido un país que nos ha gustado y sorprendido, con un tipo de arte excepcional y muy desconocido para nosotros. Regresamos llenos de imágenes de madrazas, minaretes y mezquitas, todas maravillosas. Pero si tuviéramos que elegir algo único y muy concreto, sin duda elegiríamos la Plaza Registan en Samarcanda.