Como cada año, aprovechando los días festivos de Carnaval, una parte del grupo Amigos de Labastida, hacemos una escapada de cuatro días. En esta ocasión hemos elegido Soria.

Salimos de Torrelavega en torno a las nueve de la mañana. Primera parada, Quintanaortuño; pequeño paseo hasta mi casa para que todos la conozcan; después café y pincho de tortilla en el bar.

Acomodados de nuevo en los coches, no hacemos ya más paradas hasta la Casa del Parque del Cañón de Río Lobos, en Ucero; hay que consultar cómo está la senda. Nuestra intención era llegar hasta Pozo Perín, pero el río está alto y tapa algunas de las pasarelas que hacen de puente para cruzar el río en varias ocasiones. Por ello el recorrido que haremos será más corto. Decidimos salir desde el segundo parking. Caminamos durante un par de horas y paramos a comer.

Pontones en el río Lobos

El camino discurre por un bosque de enebros, encinas y pinos que de manera constante va pegado al río Lobos. El día es extraordinario: sol, luz, buena temperatura. Los reflejos de las rocas y la vegetación en las aguas del río componen una estampa con mil matices de tonos y colores; atrae nuestra atención y queremos llevarnos todo este encanto preso en nuestras cámaras.

Reflejos
Rocas reflejadas

Tras la comida, regresamos. Nos detenemos en la cueva y la zona de la ermita de San Bartolomé, románica del siglo XIII, testimonio de la presencia templaria en el desfiladero. Justo detrás de la ermita, sale un camino que llega hasta un mirador llamado el Balconcillo, muy cerca de unos agujeros muy visibles en el mismo cañón con forma de ojos. Después, vuelta a los coches y a la carretera.

Ermita desde la cueva
Mirador del Banconcillo. Posterior

Camino de Soria, ahora por El Burgo de Osma. Llegamos alrededor de las siete de la tarde; aunque la ciudad es pequeña nos despistamos un poquito y no vemos la entrada del parking; no importa, seguimos adelante, subimos al monte del Castillo, damos la vuelta y, ahora sí, tenemos el parking del hotel de cara; cheking y aseo.

Salimos a dar un paseo por la ciudad; está animada con el desfile de Carnaval; mucha gente en la calle. Tomamos una cervecita y hacemos nuestra primera cata de torreznos. La cena posterior, en El Fogón del Salvador, extraordinaria; buen producto y estupenda calidad. Primer día de vacaciones redondo.

Hoy, domingo, comenzamos el segundo día temprano. A las 9,30 tenemos cita con Javier Esteras; él nos guiará por los lugares más emblemáticos de la ciudad. Con él pasaremos toda la mañana visitando buena parte de Soria.

Nos encontramos con el guía en el aparcamiento de San Juan de Duero. Allí al lado está el Nevero; es nuestro punto de partida. Empezamos con una introducción histórico-geográfica de Soria.

Nevero al pie del Monte de las Ánimas

El Nevero data de tiempos medievales; servía para almacenar nieve; esta se mantenía durante buena parte del año. Está situado al pie de la ladera del Monte de las Ánimas, enfrente de los arcos de San Juan de Duero.

Atravesamos la carretera y ya estamos en el claustro. En su tiempo debió tener techumbre. Estuvo abandonado y fue utilizado como huerto hasta pasada la mitad del siglo diecinueve; parece ser que en su recuperación tuvo bastante que ver el poeta Gustavo Adolfo Bécquer; incluso intentó comprarlo, pero no lo consiguió. Al hacer alusión al poeta, Javier, el guía, empieza a relatarnos el comienzo de la leyenda «El Monte de las Ánimas» a cuyo lado estamos. Al final de la visita volveremos de nuevo a la Leyenda.

En el claustro podemos observar cuatro momentos arquitectónicos que responden a la secuencia constructiva del mismo:

El primer tramo, románico, se sitúa sobre un muro de sillería que se extiende con arcos de medio punto descansando en columnas pareadas con capiteles esculpidos con pasajes de la Biblia.

En el segundo tramo los arcos son de herradura ligeramente apuntados, de estilo almorávide y quedan sostenidos en medias columnas unidas en grupos de cuatro, con motivos vegetales y criaturas fantásticas en sus capiteles.

El tercero cuenta con amplios arcos de herradura apuntados que juegan a entrelazarse, y se apoyan en pilares acanalados y carentes de capiteles.

El cuarto y último, cuenta también con arcos de herradura apuntados y entrelazados que se apoyan de manera salteada sobre pares de columnas con decoración vegetal en sus capiteles. Destaca un vano característico, que sirve de nexo entre este tramo y el anterior, con arcos entrelazados sobre capiteles de hojas de acanto quedando su apoyo central voladizo.

La iglesia, a la que está adosado el claustro, es románica, de factura sencilla con muros de mampostería. Consta de una sola nave, con bóveda de horno en el ábside y de cañón apuntado en el presbiterio. Llaman la atención dos baldaquinos, construidos uno a cada lado de la entrada al presbiterio. Son curiosas las cúpulas, una esférica y la otra cónica. Lo más intersante, por su fina traza y detalle, son los capiteles de las columnas que sustentan estas cúpulas.

Templetes a la entrada del ábside de la Iglesia de San Juan de Duero
Matanza de los Inocentes
La Natividad

A continuación nos dirigimos a San Saturio. El guía nos comenta la historia del santo, su vida y sus milagros. El conjunto está formado por unas grutas naturales sobre las que se construyó un edificio dedicado a uso religioso. Cuenta con diferentes salas y dependencias: sala del Cabildo, Capilla de San Miguel, sala de exposiciones, vivienda del santero, sala del Ayuntamiento y los Canónigos, sacristía… Todas ellas a diferentes alturas unidas por tramos de escalera.

Al final, en lo más alto, está la capilla; es de planta octogonal. El altar, barroco y muy decorado, con un busto del santo. La bóveda, la cúpula y los muros están adornados con frescos, del pintor barroco soriano Juan Zapata Ferrer. Destacan las paredes decoradas con pinturas murales que narran de forma ordenada pasajes de la vida del Santo. San Saturio constituye un lugar central en la vida soriana.

Altar barroco
Cúpula de la iglesia

Dejamos el entorno del Duero y nos dirigimos al centro de la ciudad; primera parada, la Concatedral de San Pedro. La iglesia, tal como la conocemos hoy, es de finales del siglo XVI. La antigua iglesia monacal del siglo XII se hundió. Dicen que un canónigo se empeñó en hacer un altar a Nuestra Señora en un lateral teniendo que quitar para ello un pilar; aunque el cantero dijo que eso no podía hacerse, se quitó el pilar y se cayó la iglesia entera destruyendo en su caída las arquearías del lado sur del claustro y parte de las colindantes.

Al llegar, pasamos directamente al Claustro porque en la iglesia hay oficios religiosos. De este claustro ha dicho Gaya Nuño: «es el más bello de España, por la elegancia de las proporciones, la esbeltez de las arquerías y lo nuevo de la decoración«. Es uno de los más grandes de España; el lado norte, que es el que queda completado, mide treinta metros. Es románico, con columnas dobles y capiteles historiados.

Lado norte del claustro
El pecado de la lujuria
La adoración de los Reyes

Ahora, caminando por la ciudad, vamos hacia la iglesia de Santo Domingo. Por el camino, ante un trampantojo, para tapar unas obras, de la pintura Numancia (Alejo Vera Estaca), el guía nos hace una breve explicación de la historia de Numancia, su sitio por los romanos y su rendición ante los mismos.

Parece ser que la iglesia actual se construye a finales del siglo XII; posiblemente como remodelación de una anterior. Contó con el empuje del rey Alfonso VIII y su mujer Leonor de Plantagenet. Destaca sobre todo su espléndida fachada monumental, para muchos una de las mejores portadas del Románico español, de influencia francesa, concretamente de Nuestra Señora de Poitiers. Destaca el gran rosetón del centro y la portada, conocida como La Biblia de Piedra, ya que su objetivo, como todo el arte románico, era enseñar a los fieles incultos de la época la historia sagrada. La portada es abocinada, con cuatro arquivoltas sobre el tímpano llenas de esculturas de fina hechura y bien conservadas. Cada arquivolta tiene una temática distinta: los ancianos músicos del Apocalipsis, matanza de los Inocentes, vida de la Virgen y pasión y muerte de Cristo.

Capiteles y arquivoltas de la puerta
Detalle de las arquivoltas

Seguimos caminando por Soria; paramos brevemente en la plaza de los Doce Linajes donde el guía nos hace ver que puede tener una semejanza con La Tabla Redonda y ser, incluso, anterior a ella; por el mismo motivo, esta podría ser el origen de aquella.

Llegamos al último punto de nuestra visita guiada, el Palacio de los Condes de Gómara. Fue construido, a finales del siglo XVI por la famila Río y Salcedo cuyo enorme poder económico procedía de la cabaña lanar que poseían.

Detalle de la Fachada del Palacio

El guía nos recuerda que al comenzar la visita en San Juan de Duero, al pie del Monte de las Ánimas, nos habló de Bécquer y su importancia para recuperar el claustro. Pues bien, en este palacio residían los personajes protagonistas de la Leyenda becqueriana; incluso, nos relata algún fragmento de la misma.

Nos despedimos del guía y le agradecemos sus estupendas explicaciones. Muy buena información y una cadencia y orden en la visita excelentes. Desde aquí, a comer al Sotoplaya, en la ribera del Duero. La comida está bien, con una relación calidad-precio destacable.

La tarde es luminosa y soleada; los reflejos en el Duero son diáfanos. Paseamos por la orilla hasta el puente. Nos adentramos en la ciudad, hacia San Pedro. Desde allí subimos a la ermita del Mirón; está situada en uno de los dos cerros entre los cuales se sitúa la ciudad de Soria; el otro es el cerro del Castillo. El camino de bajada lo hacemos por la parte del río y seguimos por la senda que lo bordea. Disfrutamos de la tarde cálida y del espectáculo del río.

Ermita del Mirón
Silueta de Leonor y Antonio Machado
Iglesia de San Juan de Duero
Puente sobre el Duero

Después de descansar un rato en el hotel, salimos a dar una vueltecita por la calle Collado, plaza Mayor y Alameda de Cervantes. Nos llama la atención la infinidad de bancos que hay en la Alameda. Cenamos en una vinoteca. El día ha sido perfecto.

Hoy, ya nuestro tercer día en tierras sorianas, nos vamos hacia Vinuesa y la Laguna Negra. Primero nos encaminamos a la Casa del Parque, pero, al ser lunes, está cerrada y no hay fuera ningún cartel explicativo. Por ello nos dirigimos, sin más, a la Laguna Negra; nos bastará la información que ya tenemos.

Aparcamos en el primer parking y decidimos subir andando hasta la Laguna; son algo más de dos km., pero el paseo es agradable debido a la buena temperatura y al ambiente luminoso y despejado del día; aspiramos con fruición el aroma de los pinos. Llegados a la Laguna, recorremos las pasarelas, hacemos fotos y disfrutamos del lugar. Caminamos por el entorno y ascendemos un buen trecho por la empinada senda que franquea la pared rocosa para ascender a Urbión. No llegamos arriba porque no era esa nuestra intención; no hubiéramos tenido dificultades especiales para hacerlo: el suelo estaba seco, la piedra también y no había peligro de resbalar o deslizarse; desde aquí las vistas sobre la Laguna son extraordinarias; el sol hace que el agua, los pinos, el bosque… dibujen un panorama maravilloso y lleno de sensaciones gratificantes.

Descendemos en dirección a Vinuesa. Aquí comemos, en el restaurante Alvargonzález cuyo nombre nos evoca la leyenda machadiana. Después de comer, visitamos el pueblo: iglesia, rollo de justicia, calles y plazas… Nos ha parecido un pueblo interesante, bien conservado, con unas construcciones llamativas.

Plazuela y Rollo Jurisdicional
Casa de los Ramos, en el centro

De regreso a Soria, nos detenemos en Valonsadero; queremos recorrer este monte y ver sus pinturas rupestres. Nos cuesta encontrar las zonas rocosas donde están las pinturas; hemos interpretado mal las indicaciones y casi «se nos echa la noche encima». Al final, damos con ellas. En general, están muy deterioradas, tanto por el deslucido propio de las pinturas como por los efectos de la erosión. Dependiendo de la orientación, presentan mejor o peor estado de conservación.

Fragmento de pintura rupestre
Pinturas rupestres. Símbolos

Al llegar a Soria, nos vamos a ver la iglesia de Santo Domingo en su interior; en la visita guiada del domingo no entramos. Una pequeña decepción después de la maravilla de la portada. Predomina la forma románica en la bóveda de cañón, pero ya se observa claramente el gótico pues esta bóveda y los arcos correspondientes son levemente apuntados. La cabecera es un gótico flamígero bastante pobre; tal vez sea añadido por deterioro o hundimiento del ábside primitivo.

Nave central de la iglesia

Cena al lado del hotel; un poco cutre. Nada que ver con los lugares de los días anteriores.

Hoy es día de regreso, pero iremos haciendo paradas y visitando lugares. La distancia, no excesiva, a Torrelavega nos lo permite. Hacia las diez salimos de Soria.

Primera parada, Santo Domingo de Silos. Vamos directos al monasterio y sacamos las entradas para la visita; nos unimos a la explicación ya iniciada; no importa; después continuaremos con el siguiente grupo hasta completarla. Básicamente el guía se centra en el claustro del monasterio; al final veremos también la botica con un breve comentario. El museo y la iglesia ya será por nuestra cuenta.

En la construcción del Claustro se distinguen dos época: románico primitivo la primera y románico más evolucionado la segunda. La separación entre ambas la marca una columna con cuatro pilares retorcidos. Según la colocación del espectador, se ven tres o cuatro de estos pilares; el guía hace sus interpretaciones con los significados del número tres y el cuatro y la suma de ambos: tres virtudes teologales, cuatro virtudes cardinales, siete obras de misericordia. ¿Realidad o imaginación?.

La distinción entre la la primera y la segunda parte la encontramos en las columnas; las de la primera parte son dobles con una separación entre ellas en la que cabe la mano; la decoración de los capiteles es floral y figurativa. En la segunda parte, también las columnas son dobles, pero más juntas; cabe un dedo; los capiteles muestran figuras humana y animales.

Románico primitivo
Románico más evolucionado

En el claustro, llaman la atención sobremanera los relieves de las cuatro esquinas. Perfecta la escultura de las imágenes. En las correspondientes al románico más primitivo, Emaús, duda de Santo Tomás, venida del Espíritu Santo, las figuras no sobresalen; son relieve de fina ejecución y detalle.

Duda de Santo Tomás
Pentecostés
Discípulos de Emaús

Otro u otros maestros hacia el 1200, se encargan de labrar las escenas del Arbol de Jessé y la Anunciación. Se trata de esculturas de bulto, que sobresalen; son más naturalistas y corresponden a la cuarta esquina. Estas figuras ya se pueden clasificar como «protogóticas». No hay que perder de vista el artesonado, mudéjar del siglo XIV, de los techos del claustro.

Muy buena ejecución y temática iconográfica, con pinturas que relatan la vida cotidiana del mundo medieval.

Detalle del artesonado del claustro
Anunciación

Dejamos Silos y nos acercamos a La Yecla; apenas cinco minutos en los coches. Los que no la conocían, que eran mayoría, salen gratamente sorprendidos. Se trata de un estrecho y profundo desfiladero labrado por el arroyo El Cauce. Puentes y pasarelas nos permiten desplazarnos por esta angosta garganta. Hoy era buen día para verlo: está seco y el cemento de los pasadizos no desliza.

Buitre sobre el Desfiladero de La Yecla
Pasarela en el desfiladero de La Yecla

Desde aquí a Covarrubias. Está cerca y tardamos poquito en llegar. Entramos por el Arco del Archivo del Adelantamiento de Castilla y vamos directos a la Plaza Mayor. Allí está nuestro restaurante de hoy, Tiky. La comida no está nada mal.

Arco del Adelantamiento de Castilla
Plaza Mayor

Tras la comida damos un paseo por el pueblo; desde la plaza, callejeando, llegamos hasta la iglesia; retornamos hacia el centro y concluimos en la Colegiata, frente al Torreón de Fernán González, conocido también como Torreón de Doña Urraca. Entramos en la colegiata; no podemos hacer lo mismo en el museo; cierra los martes.

Torreón de Fernán González
Colegiata

Visitada la Colegiata, retornamos a los coches y emprendemos el regreso definitivo a Torrelavega. Breve parada en Sotopalacios para comprar morcillas. Fin de viaje. Quedamos satisfechos y encantados de estos días de asueto y buena sintonía.

Más fotografías, en el siguiente ENLACE

Parque de la Laguna Negra

El-Parque-Natural-de-La-Laguna-Negra