Fieles a la cita carnavalesca de cada año, una parte del grupo «Amigos de Labastida» nos vamos, en esta ocasión, a La Rioja. Por proximidad a Navarra, nos acercamos a Estella, Puente la Reina y Santa María de Eunate.

El domingo, once de febrero, salimos pronto de Torrelavega. Tras una breve parada en Altube, llegamos a Logroño en torno a las once. La mañana es fresca, fría por momentos. Tenemos tiempo suficiente para sentarnos en una cafetería y tomarnos unos pinchos de tortilla y unos cafés.

Nuestro programa comienza a las doce con una visita guiada a Logroño. Al inicio de la misma, el guía nos conduce al Cubo de Revellín y resto de antiguas murallas; allí nos da una pequeña clase de historia; es investigador y lo demuestra con suficiencia.

No sabemos cuánta subjetividad pone en su relato, pero no hace apologías descaradas. Dato interesante para entender lo relativo de las interpretaciones históricas es su referencia a la formación o nacimiento de la Rioja; en esta zona se cruzan e imbrican diferentes territorios o antiguos reinos, Navarra, Aragón, Castilla…, con sus consabidas disputas y luchas. Llamativa, cuando menos, es la referencia a Navarra; para él este reino es una creación casi fantástica, una especie de «Tierra Media» de Tolkien; en broma hace referencia a «Mordor». Al día siguiente, nuestro «amigo» Alberto, también investigador, nos dirá que esto son «los huesos». Su interpretación de Navarra será diametralmente opuesta. Pero dejemos a cada uno con su historia y sigamos con la visita.

Del Rebellín vamos hacia el Parlamento. Está ubicado en el antiguo Convento de la Merced. Este edificio, a lo largo de su historia, ha tenido usos muy diversos. En 1988 se instaló allí el Parlamento de La Rioja. Caminamos por diversas calles del Casco Antiguo; sobre algunos de sus edificios, el guía nos da las explicaciones pertinentes. Nos detenemos en la Iglesia de Santiago.

Fue construida en el siglo XVI; es una de las más importantes de Logroño. No entramos, pero sí contemplamos su portada en cuya parte más alta se encuentra una gran escultura de Santiago cabalgando en un corcel, poderoso y bien dotado. Tan bien dotado que, después de ser esculpido, hubo de «rebajársele» su potencia. Aquí el guía nos cuenta diversas anécdotas sobre comparativas con otro caballo famoso en Logroño, el de Espartero. En la tarde, y ya por nuestra cuenta, entraremos en la iglesia.

Seguimos ruta, siempre por el Casco Antiguo de Logroño, entre casas en ruina o arruinadas del todo. Algunas fueron residencia de burgueses y nobles; palacios, edificios comerciales…que con el paso del tiempo perdieron importancia económica y política. Quedaron en desuso o se abandonaron; hoy están muy venidas a menos y deterioradas. Así llegamos a una segunda Iglesia, Santa María de Palacio. Maravilla su airosa aguja de base octogonal; data del siglo XIII y se construyó para dar luz al interior.

Todavía una tercera iglesia en nuestro recorrido, la de San Bartolomé. Es la más antigua; románica del siglo XII. Destaca por su portada historiada con profusión de imágenes; curiosas las que hacen referencia al propio San Bartolomé, que lo desuellan y aún tiene la arrogancia de echarse su propia piel al hombro. Entraremos por la tarde para ver su interior.

Caminando por la calle Portales, acabamos en la Concatedral de San Pedro. Nos detenemos en la portada oeste; es como un retablo en piedra; su forma cóncava la resguarda de la lluvia e inclemencias del tiempo que, de otra manera, la dañarían mucho más.

El guía se despide de nosotros. Nuestra impresión general es positiva; nos ha contado la historia y los diversos aspectos de calles y edificios de la ciudad con su mente de investigador de Historia; seguro que su relato no es aséptico ni imparcial, pero ha sido agradable y suficientemente ilustrativo.

Comemos en la Calle Laurel; también sobre su historia nos habló el guía y nos explicó la procedencia del nombre. Hoy ya no es lo que fue; ha cambiado y se ha convertido en un conjunto abigarrado de bares y restaurantes cada uno haciendo gala de sus mejores pinchos y vinos.

Después de comer hacemos el check in en el hotel, descansamos un ratito y nos vamos a recorrer Logroño por nuestra cuenta. Cruzamos el Ebro por el Puente de Hierro hasta llegar a la Casa de la Ciencia. Interesantes las exposiciones diversas y las referencias a distintos aspectos de la ciencia. Desde aquí, con el Ebro de por medio, hay unas buenas vistas de la ciudad; la coincidencia con un atardecer luminoso las hace casi espectaculares. Cruzamos el río en dirección contraria; ahora por el Puente de Piedra. Seguimos nuestro periplo por Logroño hasta la hora de la cena.

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El lunes, desde Logroño nos trasladamos a Estella; al llegar nos recibe, en primer lugar, un chaparrón breve que no nos causa mayores problemas. El segundo chaparrón, el auténtico, está por llegar, pero no es de agua.

Tenemos concertada una visita guiada. A la hora fijada, en la Oficina de Turismo, nos recibe Alberto, el guía. En la propia Oficina, ante una maqueta, nos da una «clase», casi magistral, de geografía e Historia sobre el municipio y los diversos grupos de gentes que se fueron asentando en él y agrandándolo. Alberto ya nos parece aquí un poco excesivo y grandilocuente, pero sólo es el comienzo. Después, a lo largo del trayecto por lugares y calles, habrá más. Carne, huesos, historia libremente interpretada, Los Trastámara del siglo XV como los primeros culpables de la expulsión de los judíos… Alberto es judío e investigador, carlista, presume de haber hecho algún tipo de análisis y reconstrucción de hallazgos arqueológicos…

Bastante particular es su interpretación de la Historia y nacimiento de Navarra como Reino. Ante algunas preguntas que se le hacen al respecto, si no está de acuerdo con lo que él piensa, responde que «esos son los huesos que nos dan»; parece que sólo a él le dan «carne» o tiene acceso a ella. ¡Qué distinta su visión del origen de Navarra con la que nos dio ayer el guía de Logroño, también investigador! Huesos y carne, ser o no ser.

De Estella visitamos la Iglesia de San Pedro de la Rua. Aparece ya citada en los primeros años del siglo XI. Pero no sería hasta final de ese mismo siglo cuando Sancho Ramírez, rey de Aragón y de Pamplona, pretende asentar en Estella un primer núcleo de población; será un punto intermedio en el Camino de Santiago entre Pamplona y Logroño. Le concede Fueros y privilegios y manda construir una muralla.

Se accede a la iglesia por una empinada escalinata. Maravillosa portada que data de mediados del siglo XIII. Sus capiteles y arquivoltas están decorados con motivos vegetales, geométricos y figurativos.

El Claustro sólo tiene dos alas. Las otras dos colapsaron cuando se demolió el castillo de Zaratambor por parte de las tropas castellanas al conquistar Navarra en 1572. Interesante un conjunto de cuatro columnas torsionadas formando un pilar. Todas las demás son dobles. Los capiteles ofrecen una profusa y detallada iconografía. 

Salimos de la Iglesia por una escalinata de moderna construcción que nos conduce a la Rua, calle sobre la que discurre el Camino de Santiago. Alberto se excusa por no pronunciar bien el nombre afrancesado de esta; ayer estuvo en Pamplona tomando unos vinos y se le ha quedado la garganta un poco descompuesta.

A lo largo de la calle quedan muestras de antiguos edificios comerciales y construcciones palaciegas que se originaron en el tráfico comercial de épocas medievales y posteriores; artesanos y comerciantes ocupaban estos lugares favorecidos y desarrollados por el continuo tránsito de peregrinos que hacían el Camino de Santiago.

Llegamos al final de la calle, cruzamos el río por el Puente de la Cárcel o Puente Picudo y nos dirigimos a la Iglesia de San Miguel. La abundancia decorativa de la portada parece que es lo más antiguo del templo. Como tardó mucho en construirse se observan en ella distintos estilos arquitectónicos. Entramos con el guía y nos explica el interior. Sigue enfrascado en su discurso histórico bastante subjetivo y particular.

Es la hora de comer y, a duras penas, logramos desembarazarnos de Alberto. Total, hemos visto dos iglesias y nos ha explicado algunos pormenores de una calle. El resto, interpretación muy personal de la Historia de Estella y, por ende, de la de Navarra. Nos gusta lo visto, pero no el guía.

Después de comer decidimos acercarnos a la Iglesia románica de Santa María de Eunate; la distancia es corta y, aunque sólo podamos ver el exterior, merece la pena. Está en medio de la nada, como un hito luminoso en el Camino de Santiago. Rodeamos su contorno, hacemos las correspondientes fotos y tomamos camino a nuestro próximo destino: Puente la Reina.

Seguimos de lleno en el Camino de Santiago. Puente la Reina es una población eminentemente jacobea, con restos de murallas y diversas construcciones religiosas. Aquí confluyen el camino Francés que llega de Roncesvalles y el Aragonés, que viene desde Somport. Debe su nombre al puente que la reina doña Mayor mandó construir sobre el río Arga. La calle Mayor es toda ella parte del Camino; termina en el puente que da nombre al pueblo. Está flanqueada por construcciones palaciegas y religiosas. Destaca, la Iglesia de Santiago el Mayor, de estilo románico; empezó a construirse en el siglo XII, pero fue reconstruida en el siglo XVI.

Al final de la calle nos detenemos en el puente para admirarlo y fotografiarlo desde ambas orillas del río Arga.

Cae ya la tarde, se oscurece el día, pero antes de retornar a Logroño nos detenemos en Viana. El pueblo está construido en lo alto de una colina; calles empinadas y estrechas por las que subimos hasta el centro donde se sitúan los edificios más antiguos y con más historia. Entramos en la iglesia de Santa María y los restos de la de san Pedro. Ya se ha hecho de noche y, por eso, desde los jardines de Serrat se puede contemplar, como un mar de luces, Logroño y su entorno. Una cervecita y retorno al Hotel.

Otras fotos del día

Hoy es día de vuelta a casa, pero, antes, tenemos una interesante programación. De buena mañana salimos hacia San Millán de la Cogolla para visitar los monasterios de Suso y Yuso. Llegamos a Yuso sobrados de tiempo, sin embargo, el autobús que debía subirnos a Suso casi nos deja allí. Pequeño despiste del conductor, o nuestro. En el monasterio nos recibe una guía que nos explica el nacimiento y la historia del mismo.

Todo está ligado a San Millán pues parece ser que a este lugar se retiró en la flor de la vida para buscar a Dios; seguro que tiempo no le faltó pues vivió 101 años, aunque no sabemos si lo consiguió. La guía nos hace una explicación de los distintos aspectos del pequeño monasterio de una manera bastante aséptica y profesional; nada que ver con los guías de días anteriores.

Bajamos andando hasta Yuso; el día es agradable y la mañana despejada.; apetece caminar. Llegamos y nos unimos al grupo que comenzaba ya la visita. La guía se detiene en el Salón de los Reyes para comentarnos las Glosas Emilianenses que aparecen, como primeras muestras del castellano, en el códice número 60. De allí pasamos al claustro; es de estilo renacentista.

La sacristía tiene un gran valor artístico. El techo está profusamente decorado con pinturas al fresco. El retablo es barroco. Antes fue sala capitular.

La iglesia comienza a construirse en el siglo XVI; es de un estilo gótico decadente. En principio era sólo para los monjes; destaca la sillería del coro. Abundante decoración en toda ella con cantidad de elementos barrocos en altares y retablos. En la parte alta del altar mayor aparece una pintura que representa a San Millán a caballo en una batalla contra los moros. Parece una curiosa coincidencia: Santiago Matamoros y San Millán Matamoros. ¡Y ninguno de los dos pudo participar en La Reconquista más que en la imaginación de escultores y pintores!

Hay una referencia a la luz equinoccial; el rayo de luz entra por el rosetón de la parte trasera de la iglesia, pasa por el círculo que corona el trascoro y da en el centro geométrico de la iglesia.

Dos arquetas con marfiles románicos y la sala de Cantorales ponen fin a la visita. Los Cantorales son unos libros gigantes y pesados, entre 40 y 60 kilos. Se usaban en el canto gregoriano de los monjes; son tan grandes para que, puestos en un atril, también enorme, los monjes pudieran ver bien sus textos y sus notas musicales.

Desde San Millán Vamos a Nájera. Aquí comemos. Por la tarde visitamos la iglesia y monasterio de Santa María la Real. No tenemos una persona como guía, pero sí un audio que nos va indicando lo más importante para detenernos ante ello y comprobar la explicación.

Ya sólo nos queda volver a Torrelavega; llegaremos de noche y con cierto cansancio pues han sido tres jornadas intensas. Tres jornadas que han discurrido en torno y a lo largo de un buen tramo del Camino de Santiago. Tres jornadas disfrutadas en armonía y excelente compañía.

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