Terminó abril y seguíamos en cuarentena. Pero el final del mes supuso un pequeño alivio, al menos para los niños: podrían salir a la calle un tiempo limitado. A los demás, ese pequeño alivio nos llegó con mayo; ya podríamos salir de paseo; eso sí, con tiempo y horarios estrictamente reglados. Algo muy positivo después de mes y medio estrictamente confinados. Despacito y con calma, pero al fin, en mayo, paseos.

Los primeros días de mayo salimos de paseo con ansia incontenida; después de tanto tiempo confinados, tomamos la calle como si no hubiera mañana. Todo parecía nuevo, recién estrenado; nos habíamos quedado varados en casa al final del invierno y pasamos así media primavera. Nos encontramos de golpe con las flores desarrolladas, con los verdes espléndidos llenando los campos. Nos perdimos la floración de los frutales, pero llegamos a las promesas elementales de futuros frutos.

Los alumnos de La Vidriera seguimos motivados; cómo no, si Pilar nos seguía proponiendo retos y actividades. Ahora serían los paseos los que nos darían tema para las fotografías. Algunos días, a lo largo de mayo, salí al paseo diario con la cámara de fotos; todos, con el móvil en modo cámara. Hacía muchas fotos en cada paseo; la mayor parte de las mismas las descartaba al visionarlas en casa: mal compuestas, desenfocadas, movidas, luces reventadas, demasiado oscuras… No obstante algunas han quedado. Los temas, los que salían al paso por el camino: un día de sol, me daba por fotografiar sombras; un día de lluvia, reflejos o gotas de agua; otro día, animales; alguna vez, humildes florecillas a la orilla del camino; cierres de fincas, caracoles, paisaje… Este mes no hay fotos de estudio o planificadas en casa; todas son exteriores. Hay más trabajo de edición.

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