El día treinta de diciembre, para despedir el año, el grupo «Amigos de Labastida», decidimos hacer una marcha un poco especial: subir hasta la montaña de Ibio, donde se encuentran las antenas. Contemplar los valles desde arriba y, una vez allí, degustar turrones, mazapanes, polvorones…bien regados con cava y sidra. (Lo de «bien regados» es un eufemismo; fueron poco regados pues quedamos algo cortos de líquido espumoso)

 

 

El día se anuncia frío y con niebla. Parece que va a ser un impedimento para disfrutar de la mañana, pero no perdemos la esperanza porque da la sensación que el sol acabará imponiéndose.
Subimos con los coches hasta el alto de San Cipriano y desde aquí comenzamos la marcha.

El sol se abre paso poco a poco a través de la niebla, pero esta nos acompaña; a veces se queda rezagada, otras asciende con nosotros…; al final se tiende a nuestros pies. El resultado son unas bellas imágenes para contemplar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El primer alto lo hacemos al llegar a una estructura con una antena. El espectáculo es maravilloso: un auténtico mar de nubes a nuestros pies y sobre él un sol radiante.

Rayo que abre la niebla

A los pies de la antena, un Belén casi escondido entre las piedras y las hierbas. Lo vemos por casualidad pues está bastante oculto. Es sencillo, parece que quiere ser minimalista, pero las figuras son clásicas.

Tomamos algunas instantáneas antes de continuar…


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

…y ascendemos el último tramo. Suben también algunos ciclistas y otra gente, a pie, como nosotros.

Desde arriba el camino parece la cubierta de un inmenso barco en alta mar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Y llegamos a la cumbre; ahí está la antena. Alguno la estudia y toma referencias para orientar hacia ella la antena de televisión de su casa.


Disfrutamos del paisaje que, con la niebla, tiene un encanto especial. Alguna duda parece haber sobre si es tal o cual monte el que aparece en lejanía.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Por fin nos disponemos a culminar la faena: celebrar, con un pequeño adelanto, el fin de año y desearnos lo mejor para el próximo. Queda aquí el testimonio gráfico del evento:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Como son pocas más las fotos tomadas, no me resisto a dejar de ponerlas. Así pues, ahí va el resto. Con un jueguecito fotográfico, con permiso de Pedro.